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La Brújula

Ana Pena
Nunca vi una lata así. La puede haber, pero no la vi. Con su pimiento y su cebolla, que tiene una presentación buenísima.
ANA PENAEdad secreta, Cocinera.

“Y aquí me callo porque es secreto”. Tarda poco en arrojarte esa frase a la cara como si fuera una bofetada. Antes te ha explicado que como buena cocinera hace un poco de todo: cocer la ventresca o el pulpo, freír los mejillones o preparar las salsas. Y que la niña de sus ojos son las sardinillas guisadas. “Las rebozo con harina, las frío, ponemos la salsa, pimiento, cebolla…

A partir de allí tensión y casi el silencio. Ni una palabra que añadir, ni un ingrediente más que revelar. Apenas unas ideas generales. “Todo natural, lo mismo que utilizas en casa. De esa forma gana en sabor, cambia, está riquísima.”. Y se ríe con ese punto de maldad de quien no oculta que se guarda para sí sus misterios. “Nunca vi una lata así. La puede haber, pero no la vi. Con su pimiento y su cebolla, que tiene una presentación buenísima. Las chicas que han entrado nuevas nunca la vieron. Y la zamburiña en salsa, concluye, también está riquísima”.

Amplia, luminosa, todo acero inoxidable. Así es su cocina. Un recinto que le llena de orgullo. “Donde yo trabajaba antes no había esta cocina, no se parecía en nada. En una fábrica no es lo normal y verla es una cosa muy bonita”. Presume, de nuevo como buena cocinera, de mantener sus dependencias como los chorros del oro. Y de preparar sus guisos de la misma manera. “Ves las recetas y te exiges que todo vaya limpio. La limpieza es fundamental”. Su forma de pensar es también transparente. “En todo lo que hacemos, si podemos mejorar, mejoramos. Siempre hacia adelante. Nunca hacia atrás”.

Reconoce que la salsa del chipirón tiene su truco. Otra información que se guarda. “¿Que a cuántas tendrías que sobornar?”. “No lo sé. A mí por mucho dinero que me ofrezcas no lo vas a saber. Soy dura, ¿no?”. Y se ríe, otra vez, para relajar la tensión que le provoca tanta firmeza. “No, porque perjudicaría a la empresa –continúa- y me perjudicaría a mí”.

“Estoy también en el cierre. Todo viene bien, pero yo miro por si hubiera una lata con una sardina de menos o cualquier otra cosa –que no ocurre- porque en ese caso quitaría la lata. Siempre ven más cuatro o seis ojos que dos”. Su última reflexión es en plural. “Intentamos que esto vaya arriba. Se invirtió tanto que todas intentamos que vaya para arriba”.